|
|||||||
|
|
||||
|
ARTíCULO
A lo largo de diversos seminarios de fotografía para profesionales del área dental, se planteó como uno de los factores causantes de mayor decepción el observar que no existe una relación fidedigna entre el original físico y su correspondiente reproducción fotográfica, tanto en lo que respecta a coloración, como a textura y transparencia. La pieza dental, por sus características, es un objeto translúcido que presenta, en sus distintas capas, una variedad de colores y texturas que le dan singularidad. Por ello, el protésico pretende, al construirla ( y el médico dentista al implantarla) cuando menos que sea lo más parecida posible a las originales. Así, es fácil reconocer que una fotografía debería guardar también la mayor semejanza posible con la realidad. Para conseguirlo deberemos tener especial cuidado en seleccionar el soporte - la película - adecuado para esa fotografía, y procurar que la luz utilizada en la exposición tenga la calidad y la dirección convenientes. De nuevo hay que hacer, aquí, una mención
a la fotografía digital. al no existir físicamente la
imagen, su contemplación final dependerá siempre del periférico
escogido para mostrarla, y éste, ya sea monitor o impresora,
puede estar configurado de muy diversas formas. Por ello, la misma imagen
puede verse con distinta coloración en monitores distintos, o
producir copias diferentes en diferentes impresoras ( e incluso en la
misma, si el modo de impresión se configura distinto). Existen en el mercado varios tipos de película, de distintos fabricantes, entre las que tendremos que escoger las que ofrezcan una mayor fidelidad de reproducción a nuestros originales. Sin la menor duda, debemos inclinarnos por las transparencias o diapositivas, ya que el negativo color requiere el posterior copiado a papel, con lo que, al no tener el laboratorio referencia real, es mucho más difícil que la imagen final se corresponda fielmente al original, a menos que para el copiado se disponga de la propia pieza como muestra, cosa francamente improbable. Siempre resulta interesante revisar las características
de respuesta cromática de las películas que ofrecen los
propios fabricantes. Como orientación de referencia, la película
escogida debe tener una respuesta al color lo más neutra posible,
sin potenciar ninguna de las bandas del espectro (en fotografía
clínica hay que tener especial cuidado con películas que
intensifican el rojo, pues es un color muy presente en el entorno),
para que la imagen sea fiel a la original. en última instancia,
procederemos a comparar nosotros mismos, en condiciones controladas
, varios tipos de películas profesionales hasta encontrar la
que nos satisfaga, sin olvidar que el revelado de nuestra película
debe ser confiado a laboratorios de probada calidad. Una serie de pruebas
al principio, nos dará la capacidad de interpretar después
cualquier nueva situación fotográfica. De nada sirve utilizar la mejor película del mercado
y disponer de un buen equipo fotográfico si nos olvidamos de
que "fotografiar" significa "escribir con luz".
Así, la clave de un resultado óptimo reside en la luz
que impresionará la película, de la que hay que resaltar
tres factores importantes: calidad, cantidad, y dirección. Por
las características de la fotografía a realizar, la mejor
fuente de luz que podemos utilizar es el flash electrónico. Es
una luz controlable en cantidad y dirección, y constante en su
temperatura de color (calidad), manteniéndose equilibrada para
las película de luz-día. cualquier cámara moderna
suele estar provista de medición y control TTL del flash, que
deja de emitir luz cuando el sensor situado (en teoría) en el
plano de la película detecta que ha recibido la suficiente. Este
sistema, válido en muchos casos, debe En el caso de que dispongamos de una cámara con flash anular, y suponiendo que sea posible separarlo del barrilete del objetivo, podemos situarlo en uno da los laterales del sujeto (también podemos sustituirlo por uno normal), compensando la diferencia de luminosidad con un pequeño reflector o con otra unidad de flash, un soporte, simple o doble, nos permitirá disponer de un sistema cómodo y relativamente elegante (no hay que asustar al paciente). Con el flash lateral se evitan los reflejos directos de las piezas dentales a la cámara, al mismo tiempo que resaltan textura y coloración. Si la cámara no permite separar el flash del objetivo, la mejor solución consiste en utilizar un anillo difusor delante del tubo de destello, y buscar con una leve inclinación del eje óptico que éste NO coincida con la trayectoria de rebote de la luz. Con un equipo convencional, podemos configurar uno o dos pequeños flash a los lados del objetivo. Autor: Agustí Vernedas (Autor del primer libro de fotomacrografía dental en castellano) Publicado en : Sappiens.com Fecha de publicación: 09/03/01
|
|||